La reciente celebración de FENAVIN 2026 en Ciudad Real ha roto los esquemas de las ferias tradicionales. Un formato sin los habituales stands masivos y creativos, enfocado al negocio directo en boxes con compradores de 49 países.

En este nuevo contexto ferial donde el espacio se reduce y la decoración desaparece, las bodegas se preguntan cómo conseguir captar la atención de un importador internacional si solo hay una mesa de trabajo. La respuesta este año ha estado en el propio peso visual de la propia botella

El envase como único punto diferenciador

Al eliminar la distracción de los grandes stands, el diseño del packaging de los vinos ha asumido el 100% del protagonismo. En las mesas de negociación las botellas han actuado como verdadera tarjeta de presentación de las bodegas.

Los importadores y distribuidores internacionales buscan autenticidad de un solo vistazo. Las bodegas que están liderando las exportaciones este año apuestan fuertemente por el diseño limpio. Eliminar el papel tradicional e integrar el diseño mediante la serigrafía está ganando terreno. Una botella serigrafiada no necesita adornos, transmite lujo y un posicionamiento premium de manera inmediata.

Preparados para los mercados más exigentes

Para una bodega que busca ampliar mercado hacia Europa, Asia o América, la presentación es todo. Con la serigrafía se plasma la historia y la elegancia de un vino directamente en el cuerpo de la botella, resistiendo perfectamente el transporte y los cambios de temperatura sin que la imagen de la marca sufra el más mínimo daño.